¿Cuál es el aporte sustancial y significativo que está haciendo a nuestro folklore el programa “Semilla de Cantores?
Lanzo esta pregunta a los folkloristas, educadores, cantores y personas amantes del folklore; a quienes saben o supieron alguna vez quiénes fueron don Manuel F. Zárate y Doña Dora Pérez de Zárate.
Lanzo esta pregunta a los poetas y trovadores, cultores de nuestra mejorana y nuestra décima.
Es que acaso cantar mejorana es simplemente conocer la melodía de un torrente, entonar una saloma y memorizar estrofas de diez versos, aprendidas y cantadas por nuestros niños a beneficio y en promoción de los valores comerciales de una producción televisiva?
En tiempos en los que la inocencia es un bien escaso y el sentido de identidad es tan endeble, yo pregunto:
¿Cuál es el propósito de atraer a niños y niñas que ya vienen cantando y amando nuestro folklore y cultivándolo con perseverancia y cariño apoyados por sus padres y maestros, niñas y niños depositarios de la inocencia y autenticidad profunda de nuestra gente, a cantar décimas aprendidas para exaltar a los diseñadores de moda, o hablar de historias y personajes importados sin ninguna conciencia de arraigo ni amor por los valores de nuestra tierra?
¿A eso se reduce cantar mejorana?
Entiendo que la lucha es dura en un país en el que el espacio para la difusión masiva del folklore es limitado. Entonces parece que cualquier esfuerzo en esa dirección es ya un logro. Aún valorando este hecho, yo pregunto: ¿Nos hace falta realmente ese tipo de difusión del “folklore”?
Como cantora panameña, enamorada de la raíz profunda de nuestra mejorana y de nuestra poesía popular, siento que cuando pierde su espíritu y su esencia, la difusión es deformación.
Un autor decía: “Mi educación era muy buena hasta que me la interrumpió el colegio”.
Ojalá no tengamos que decir: “el canto de estos niños era puro, auténtico, limpio y profundo; hasta que se los interrumpió Semilla de Cantores”.
Comparto con ustedes unas hermosas décimas que escuché cantar a Meche Acevedo, una de nuestras maestras en el canto de la mejorana. Estos versos cuyo autor desconozco, expresan hermosamente la profundidad que encierra nuestra saloma, y por extensión, el canto de la mejorana.
Saloma que salomando
vuelas peinando el maíz,
veloz como la perdiz
el campo vas perfumando.
De la voz que va cantando
sale como una paloma
con su mensaje y aroma
coronando la nación;
eres diamante y pendón
pues no hay canto sin saloma.
La saloma abre la aurora
desde el horcón campesino;
es amor, angustia y trino
del hombre que se enamora.
Al morir la última hora
del afán y del arado
corta el aire un grito amado;
saloma del leñador
que andando con el sudor
vuelve triste y fatigado.
No hay cantadera posible
ni posible que haya junta
si la saloma no apunta
su presencia irreversible.
Si la pasión es temible
o amistosa la ocasión,
también desde el corazón
surge a los labios el grito,
aparece si es bendito
o reclama tentación.
Para cantar en gallino,
en mesano y valdivieso
la saloma es aderezo
y es un vuelo diamantino.
Al llanto le da camino,
al sueste y al zocabón;
quien le cante a la nación
a lo más puro del suelo,
que domine con desvelo
saloma y entonación.
Algo tiene de flamenca,
algo también de africana,
pero su cuna temprana
donde la raza se trenza.
Ella voló por la penca,
por la nube y el bajío;
es compañera del río
y amante del ruiseñor;
la saloma es el amor
escondida en el bohío.
La saloma es el linaje,
la bandera, la nación
para hacer oposición
al extraño coloniaje.
Saloma que vas de viaje
con mi voz y la cigarra,
no dejaré que te barra
una nación opresora,
¡eres mi tierra y la flora,
mi canal y mi guitarra!